martes, 30 de agosto de 2016

CUANDO EL ABUELO Y LA ABUELA, RECORRIERON EL CAMINO DE HANSEL Y GRETEL EN EL BOSQUE ALEMÁN



Un día de sol hermoso, el abuelo y la abuela decidieron salir de paseo, fueron entonces hasta el Bosque Alemán. 



Es un tupido bosque, lleno de árboles añejos, que tienen muchos oídos y muchos aleteos. Muchos silbidos y muchos crujidos. Muchas hojas verdes y muchas hojas secas. Miiiiiiiiiiles de insectos que airean la tierra y muy pocas moscas y mosquitos para no molestar.


Los árboles eran tan, pero tan, pero taaaan altos, que la abuela casi se cae para atrás cuando quiso mirar hasta donde llegaban….


Comenzar el recorrido entre la espesa vegetación, es todo un desafío. Pero el abuelo y la abuela querían recorrer todo el bosque para contarle a sus nietos sobre el camino. El camino siempre es único cuando se recorre, pero avisar qué cosas pueden aparecer, es un dato que ayuda a no caer tontamente, por el foso de la casa encantada que guarda algunas mentiras.

Al iniciar el viaje aparecen unos grandes carteles protegidos por grandes techos con forma de sombrero de bruja. Son de color verde oscuro. Se confunde con el color de las hojas.  El pasto que crece poco porque el sol penetra con dificultad a través de la frondosidad de los árboles, donde se guardan diferentes colores y olores.


En esos carteles se relata la historia de Hansel y Gretel, o Juan y María como reza el título.




El abuelo va delante abriendo paso. En realidad es que tiene las piernas muuuuyyyyy largas y la abuela muchas veces tiene que apurarse para alcanzarlo.



El abuelo no puede esperar. La ansiedad por conocer el destino de Juan y María, lo hace ir rápido.

Dice la leyenda, que Juan y María se internaron en el bosque jugando distraídos sin darse cuenta por dónde transitaban. Juntando flores, palitos y lombrices, imitando pájaros y buscando el arcoíris, no tuvieron en cuenta que estaban adentrándose en un bosque algo cerrado y que a la vuelta les sería difícil encontrar el camino recorrido. En la mañana jugaron a las escondidas, imitaron el sonido de los pájaros, olfatearon las flores, y se embarraron los zapatos. -No importa, Mamá seguro comprenderá.
Al medio día, el hambre comenzó a llamarlos. María que siempre era precavida, había cargado en su mochila semillas de almendro y nogal, dos naranjas que ayudaban a no tener sed, dos bananas cuya pulpa protegida por la cáscara permite comerla sin dificultad y un trozo de pan que mamá había preparado temprano. Se sentaron a la sombra de los árboles, contemplaron al agua de la cañada transitar entre las piedras que formaban una piscina natural, comieron y durmieron una siesta. Al despertar a media tarde, Juan quiso trepar a un árbol que tenía hermosas flores colgando de sus ramas. Eran orquídeas recién nacidas, cuya belleza deslumbró a los niños. -Trataré de llevar una planta para mamá, aguárdame aquí, -le dijo a su hermana. La altura del árbol hizo que tardara en subir y bajar, pero finalmente lo consiguió.

En el monte espeso no se apreciaba casi el sol y los niños no supieron hasta que oscureció, la hora por la que transitaba el día.

Y ahora? De noche no sabremos bien por donde volver, el gps del teléfono no funciona. Estamos cerca o lejos de casa?
-Mmmmm, me parece que nos perdimos. Pero no, nunca estamos perdidos, si vamos juntos.

Una luz se pudo ver entre las ramas, era la luz de la casa encantada. Iremos hacia allí dijeron los niños. Y los abuelos fueron.

La casa tenía la puerta abierta y también las ventanas. Allí la bruja guardaba historias; muchas historias que contaba a los niños que llegaban a visitarla junto a sus maestras.



Todos los días a la hora de la siesta, una bruja del barrio leía cuentos para quien quisiera oírlos. De la cocina salían aromas exquisitos de tortas de naranja como le gusta al tio Valentín, y torta de chocolate como le gusta al tio Martín, y de pan recién horneado como el que hace Mamá.



Un heladero los espera en la puerta para obsequiarles un vasito de crema y chocolate helado. El abuelo se comió dos.

La historia cuenta que la bruja encerró a Juancito para luego poder comérselo. La abuela no les  creyó la leyenda.  Con tanta comida rica preparada en la cocina, mirá si la bruja iba a querer comer a un niño que tiene huesos y cartílagos, pelusita en el ombligo y  pelotitas entre los dedos de los pies.


En realidad la abuela y el abuelo descubrieron que esa era otra historia mentirosa, que solo quería alimentar el miedo de los niños.

 Los niños formaban una ronda en torno a la bruja que leía con lentitud y parsimonia el cuento de Juancito y María. El fuego de la estufa estaba encendido para dar calor al ambiente.

Cuenta la leyenda, que María percibió las intenciones de la vieja bruja y logró engañarla huyendo   de la casa encantada, junto a su hermano.

Pero  en realidad el  abuelo  y  la abuela, comprobaron que la  casa encantada era un  hermoso lugar  perdido en el bosque alemán donde se comían muy  ricas tortas y se  escuchaban cuentos fantásticos que alegraban a los niños.

Algunas veces, las ventanas de la casa encantada, hacían gestos porque  no  creían todo lo  que  oían.