domingo, 19 de diciembre de 2021

LOS COLORES DEL CAMPO DE LOS ABUELOS


 Abuelos viven en el campo

Tienen una perra negra con corbata blanca y una perra blanca con un ojo negro

Una oveja blanca de cara negra y su corderito igual

Una vaca negra con manchas blancas

Y una oveja negra con cordero blanco

Después todo, todo, pero todo, es verde

La casa verde

El pasto verde

Los árboles verdes y uno rojo para desentonar

La piscina es verde y también el cerco  es verde 

Pero la magnolia da flores blancas

Y las hortensias dan flores rosa

Los rosales explotan en flores rojas

Y las calas su único pétalo blanco con pistilo amarillo

Pájaros hay de todos los colores

El churrinche rojo

El cardenal gris con gorro rojo

La calandria naranja 

La cotorra verde

La paloma torcaza gris

El hornero tiene el color de la tierra

El sabiá con su pecho amarillo y su cabeza rayada

Y el siete colores, expone su esplendor

El lago toma el color del cielo

Y el cielo tiene el color que le da el sol

Pero este despliegue de color,

Solo se completa luego de la lluvia

Con el arcoíris multicolor



martes, 2 de marzo de 2021


 El duende de los nudos


Había una vez un duende que tenía como tarea, salir de su casa en el hueco de un árbol en el medio del bosque, para anudar cosas.


Todos los días en las noches, se escurría por debajo de las puertas de mi casa y hurgaba en los cajones de  mi mesa de luz para encontrar cosas que anudar.


Mis auriculares, siempre. Mis collares, siempre siempre, hasta  mis anillos lograba anudar.


Nunca lo vi, pero sé por los resultados, que todas las noches hacía su tarea. 


Cuando quería usar mis auriculares, éstos no sonaban en mi oído, estaban anudados. Los sonidos quedaban trancados en los nudos, uno, dos, tres nudos. Luego de soltarlos, y ponerlos en mis oídos, los auriculares me contaban que el duende de los nudos, los había dejado así.


Para descubrirlo trataba de quedarme despierta, no aparecía hasta que me vencía el sueño.


Al otro día, mis auriculares tenían un nudo o dos o tres...siempre lograba hacerlos. Aún, incluso, cuando los dejaba especialmente guardados en una cajita.


Yo trataba de imaginar el duende, lo buscaba debajo de mi lámpara, en el cajón, dentro de mis medias. Que tarea! 


Los cabos sueltos, siempre siempre siempre, terminan anudados.


Con los párpados cerrándose por el peso del sueño colocaba mis lentes en el cajón abierto y al día siguiente uno de los cables estaba anudado a ellos.


Un día mi nieta Emilia cocinó, junto a su mamá, un mafin de chocolate, lo dejamos encima de la mesita de luz donde el duende todas las noches, hacía sus travesuras. A la mañana siguiente los auriculares, los collares, los anillos y, hasta los hilos de coser y las lanas con las que tejía, estaban intactas, sin nudos y sin enredos y el mufin por supuesto no estaba, solo las migas habían quedado sobre el mantel.


Luego comenzó a ocurrir nuevamente. Esta vez los cables eran su objetivo. Todos los cables aparecían anudados en mi mesita de luz. Hasta que un día llegó Julieta que trajo un gato desde Dallas y me lo prestó. Me dijo que ese gatito me cuidaría todas las noches, y así fue. Cuidó de mis cables e impidió que el duende travieso, de los nudos absurdos, jugara con todo lo anudable.








sábado, 26 de septiembre de 2020

Había una vez....

Había una vez 3 niños


Tres niños maravillosos, educados, inteligentes y alegres. 

Con manos llenas de caricias, oídos llenos de armónicos sonidos, boca llena de besos y ojos repletos de colores.

Amaban a los animales, pero huían de los insectos

Admiraban los colores de  las mariposas, pero tenían una perra de color negro

Gustaban de los gatos y los gatos gustaban de ellos

Preferían las vacas blancas y negras y las ovejas pequeñas

Los pájaros que vuelan alto

Las flores azules, rojas, amarillas y violetas

El color de las hojas que nacen en primavera

Y el color de las hojas que en otoño tapizan la tierra

Prefieren las abuelas cuenta cuentos

Y abuelos juguetones que se zambullen en la piscina de sus sueños






domingo, 15 de marzo de 2020

EL LAVARROPAS QUE DESAPARECÍA LAS MEDIAS

El lavarropas que desaparecía medias



Había una vez un lavarropas con un gran ojo de vidrio en el medio de su cuerpo.  Le encantaba su trabajo. 
Todos los días, al salir el sol, despertaba con un gran bostezo y esperaba quieto el momento en el que la abuela lo alimentaba. 

Primero la ropa, con olor a trabajo. Luego el jabón y el suavizante. Al ser programado casi siempre en el “4”, el agua fluía por sus venas lentamente, hasta sentirse completo. Luego su ritmo lento, como el movimiento de las caderas que bailan al son de una bossa nova, o el ritmo acelerado del final de la música.

Un día, cuando la abuela fue a tender la ropa, descubrió que faltaba una media del abuelo. 
-Qué raro -pensó. -Será que por distracción o descuido que quedó fuera del lavarropas…

A los pocos días cuando puso a lavar nuevamente, encontró que faltaba la media correspondiente al pie izquierdo. Esta vez no eran medias del abuelo, sino sus propias medias. Al no encontrar explicación, la abuela decidió pensar que el nuevo extravío, era una fortuita casualidad.

Así fueron pasando los lavados, semana a semana. Alguna media faltaba…. Aparentemente no existía un patrón de comportamiento en el lavarropas ni en  quien introducía las prendas. Algunas veces era el abuelo y otras la abuela, quien  lo ponía a funcionar.

Tampoco los colores parecían dar señales de preferencia. Las lisas y las rayadas, las oscuras y las claras, las rojas y las azules, las que tenían flores y las que no las tenían. Las de lunares!!! También faltaban!!!

Los tamaños no podían ser motivo. Desaparecían tanto las largas como las cortas, las de talle cuarenta y dos, y las de talle  treinta y seis.

Tampoco el material con el que estaban confeccionadas, era el motivo de desaparición. Podían desaparecer las de nylon, las de algodón o las de lana.

No podíamos culpar al jabón, ni al suavizante. Menos al agua. 

El abuelo protestaba cada vez que guardaba su ropa. Tengo decenas, decía, cientos! de medias sin su par! Exageraba!

A tal punto fue el problema que decidieron usar medias diferentes en cada pie. Así el pie izquierdo del abuelo un día se vestía con una media roja y el derecho con una rayada. 

La abuela al menos trataba de que combinaran los colores y las texturas. Los tamaños por suerte no generaban confusión.

En uno de los tantos lavados que realizaba, el lavarropas comenzó a toser, se paraba. Tosía. Intentaba continuar, pero no podía. Así fue que se detuvo finalmente y ya no quiso seguir lavando. 

El abuelo entonces decidió ayudarla y con destornillador y pinza comenzó a desarmarlo.

El agua acumulada comenzó a correr y espontáneamente comenzaron a salir de dentro del lavarropas las decenas de medias extraviadas. 

La muy glotona había comido medias en demasía!!!!


sábado, 14 de marzo de 2020

El corderito que no sabía decir beee!!!



Había un vez un corderito que no sabía decir beeeee.



Un día su mamá salió a comer y lo dejó durmiendo entre los árboles, abrigado por las rocas que rodeaban el lago. Esos gigantes de piedra, resguardaban a las ovejas, del viento que hacía más duro el frio del invierno.

Tan blanco como el blanco, tan indefenso y frágil, sus patitas sostenían tambaleante el cuerpo pequeño del nuevo integrante del rebaño.

Si su mamá se alejaba, intentaba pararse y avanzar hacia ella, pero no balaba. No decía ni beeee. Solo movía nerviosamente su delgada cola, aún sin lana.

-Qué sucede corderito -pregunté. No respondió y su postura temerosa me hizo desistir de acercarme. 

La perra quiso enseñarle a ladrar, pero él ni lo intentaba. Tal vez un gran susto lo había dejado sin voz. Al pasar de los días vi como comenzaba a saltar y correr con los otros corderos que iban naciendo. Mientras  otros balaban llamando a sus mamás, El solo corría hasta donde su madre estaba y mamaba su leche hasta quedar satisfecho. 

Hoy nos hemos despertado, con un beee desconocido, era el corderito que invitaba a jugar a los nuevos integrantes del rebaño.-

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EL ABUELO SIN CABEZA







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