El lavarropas que desaparecía medias
Había una vez un lavarropas con un gran ojo de vidrio en el medio de su cuerpo. Le encantaba su trabajo.
Todos los días, al salir el sol, despertaba con un gran bostezo y esperaba quieto el momento en el que la abuela lo alimentaba.
Primero la ropa, con olor a trabajo. Luego el jabón y el suavizante. Al ser programado casi siempre en el “4”, el agua fluía por sus venas lentamente, hasta sentirse completo. Luego su ritmo lento, como el movimiento de las caderas que bailan al son de una bossa nova, o el ritmo acelerado del final de la música.
Un día, cuando la abuela fue a tender la ropa, descubrió que faltaba una media del abuelo.
-Qué raro -pensó. -Será que por distracción o descuido que quedó fuera del lavarropas…
A los pocos días cuando puso a lavar nuevamente, encontró que faltaba la media correspondiente al pie izquierdo. Esta vez no eran medias del abuelo, sino sus propias medias. Al no encontrar explicación, la abuela decidió pensar que el nuevo extravío, era una fortuita casualidad.
Así fueron pasando los lavados, semana a semana. Alguna media faltaba…. Aparentemente no existía un patrón de comportamiento en el lavarropas ni en quien introducía las prendas. Algunas veces era el abuelo y otras la abuela, quien lo ponía a funcionar.
Tampoco los colores parecían dar señales de preferencia. Las lisas y las rayadas, las oscuras y las claras, las rojas y las azules, las que tenían flores y las que no las tenían. Las de lunares!!! También faltaban!!!
Los tamaños no podían ser motivo. Desaparecían tanto las largas como las cortas, las de talle cuarenta y dos, y las de talle treinta y seis.
Tampoco el material con el que estaban confeccionadas, era el motivo de desaparición. Podían desaparecer las de nylon, las de algodón o las de lana.
No podíamos culpar al jabón, ni al suavizante. Menos al agua.
El abuelo protestaba cada vez que guardaba su ropa. Tengo decenas, decía, cientos! de medias sin su par! Exageraba!
A tal punto fue el problema que decidieron usar medias diferentes en cada pie. Así el pie izquierdo del abuelo un día se vestía con una media roja y el derecho con una rayada.
La abuela al menos trataba de que combinaran los colores y las texturas. Los tamaños por suerte no generaban confusión.
En uno de los tantos lavados que realizaba, el lavarropas comenzó a toser, se paraba. Tosía. Intentaba continuar, pero no podía. Así fue que se detuvo finalmente y ya no quiso seguir lavando.
El abuelo entonces decidió ayudarla y con destornillador y pinza comenzó a desarmarlo.
El agua acumulada comenzó a correr y espontáneamente comenzaron a salir de dentro del lavarropas las decenas de medias extraviadas.
La muy glotona había comido medias en demasía!!!!